Historia de Vida: Alejandro, el taxista que salvó la vida de una mujer

“Central, central, me pueden colaborar acá con una patrulla al puente de la Variante, es que acabé de dejar un servicio, una muchacha, y ella tiene como ganas de tirarse; me pagó pero no me recibió las vueltas y cogió hacia el puente, allá hay uno de la obra, le comenté y la está siguiendo, le di la vuelta y está llorando, a ver si nos colaboran”.
Con este mensaje, el conductor Alejandro Guzmán Basto alertó a las autoridades sobre las intenciones suicidas de una pasajera.
Con siete años como taxista, este padre de familia sabe lo que es enfrentarse a una difícil situación, pero nunca imaginó que un día llegaría a salvar la vida de una persona al borde del suicidio.
Sucedió en la tarde del 19 de marzo cuando Alejandro, quien conduce el taxi de placa WTO 907 iba por el barrio Topacio y una mujer le hizo la señal de pare. Cuenta este conductor de la ‘Mancha Amarilla’, que la pasajera apenas dijo dos cosas, una de ellas, que la llevara al cruce del motel Venus y el puente que conduce a la antigua carretera hacia El Totumo.
“Lo otro que me preguntó fue que si podía fumar, le respondí que sí, pero que bajara los vidrios. Se me hizo extraño que desde que la recogí y hasta el barrio Palermo, ya había consumido dos cigarrillos, además, aunque yo intentaba verle la cara por el espejo retrovisor, ella mantenía con la cabeza agachada”, rememora.
Cuando llegaron al sitio acordado, Alejandro detuvo el taxímetro y le indicó a la mujer que la carrera había costado $8.300, ella le pagó con un billete de 10 mil y cuando fue a darle el cambio, notó que se había bajado rápido sin cerrar tampoco la puerta del vehículo.
“Se me hizo sospechoso pero vi una rejita y pensé que iba a entrar por ella, pero no, se bajó por un matorral y de ahí por un caminito que lleva al puente. La seguí por los espejos mientras daba la vuelta para coger la Variante y hasta el puente.
“Cuando llegué, vi a un señor de la obra, quien también se percató del hecho y le dije: ‘En la juega porque parece que se va a tirar, yo la traía’. Entonces el obrero empezó a seguirla, yo llegué al final del puente, hasta el puesto de las avenas y me vine despacio”, narra el taxista salvador.
Agrega que cuando se estaba acercando, la ofuscada trepó la reja y se aferró a ella para lanzarse al precipicio, en ese momento el trabajador y Alejandro la agarraron, pues la fuerza de la joven era bastante.
“Cuando sintió que la cogimos, ella nos gritó: ‘Déjenme, no me toquen’, le contesté que estuviera tranquila, y volvió a gritar, ‘no me hable, no me toque, yo tengo que hacerlo porque me van a quitar a mi hijo por hacer esto’, así que la sentamos en el piso y comuniqué a la red de apoyo”.
En el momento en que llegó el cuadrante, llamaron una ambulancia y la enfermera ayudó a calmarla y se la llevaron a la USI del Ricaurte, pues allí cuentan con unidad psiquiátrica.
Nunca había tenido esa experiencia
Ya con las ideas más claras, Alejandro recuerda ese día como si esos minutos hubiesen sido eternos, pues en sus años como conductor nunca había vivido un caso similar, una mujer que ni siquiera sacó un celular para llamar ni chatear, sino decidida a matarse
“Esto ocurrió en un momento y gracias a que la reacción mía desde el principio fue buena, no abandoné a la mujer y estuve al tanto para no permitir que ocurriera un suicidio.
“Ya después de que todo pasó me puse a pensar, si no me hubiese percatado de su manera de actuar, se hubiese suicidado y luego se dieran cuenta de que la recogió un taxista y que fui yo, tendría el remordimiento de que pude hacer mucho más por ella. Gracias a Dios reaccionamos junto con el trabajador”, dice Alejandro.
Sentado en la Plaza Murillo Toro, en el centro de Ibagué y mientras concede esta entrevista, Alejandro dice que antes había escuchado casos similares, y compañeros que habían salvado vidas, y para su fortuna, supo reaccionar.
“Hay que estar pendientes, ser hábiles y tener sagacidad para reconocer a un pasajero con la intensión del suicidio, además de los sitios a donde uno los lleva y que son recurrentes para matarse. También a las personas que sepan de un amigo o familiar con problemas, los ayuden”, apostilla este taxista salvador.
Otro susto en su vida
De los siete años que lleva como conductor de servicio público, Alejandro solamente tuvo un susto, pero esa vez contra su integridad.
“Una vez me iban a atracar, fue un sábado a las 4:00 de la madrugada, un ‘chino’ me hizo meter por el Parque de las Jirafas, en la Tercera etapa de El Jordán, me sacó un cuchillo y como pude le cogí el brazo.
“Yo estaba esperando que llegara otro compañero, pero al ver que estaba todo solo y el ladrón sacó un pie del carro, lo solté y arranqué, de pronto habían amigos de él ‘encaletados’, por eso preferí irme y evitar, ya que no me había hecho nada”.
Con esposa, y padre de un niño de tres años, Alejandro Guzmán cuenta que no volvió a saber nada más de la mujer que había ayudado y que siempre estará atento de alguna situación para volver a actuar.
Red de apoyo
Con los reiterados casos de suicido que han consternado a la Capital Musical, los conductores, junto con la Policía Metropolitana, trabajan de manera mancomunada para evitar alteraciones en el orden público, con la red de apoyo, ellos informan a los cuadrantes, por medio de grupos en redes sociales, sobre peleas, choques, robos o situaciones sospechosas.





