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Deivy: Quince años transportando ‘la economía’ de Colombia sobre 22 ruedas

                Antes de esta entrevista Deivy Yamid Romero Gómez llevaba 24 días sin poder ver a su familia, pues las largas rutas que muchas veces debe de cumplir para mover la economía del país lo obliga a que su trabajo sea algo sacrificante y, por supuesto, para realizarlo muy bien, debe amar lo que hace.

                Dos días después de haber salido de Barranquilla, rumbo a Cali, Deivy Romero hizo una parada en Ibagué, saludó a su esposa y dos hijas y tras descansar un poco llevó su vehículo a revisión técnica y lavado, luego atendió a La Cabrilla para contar acerca de su profesión, transportista de carga pesada.

                Desde hace 15 años, luego de aprender el oficio de su padre, Deivy se decidió a recorrer las carreteras de Colombia en un tractocamión, o tractomula, como se le conoce popularmente, ha tenido sus momentos agradables y también muy tristes, como ver morir a sus amigos en inesperados accidentes.

                “Lo más difícil es tener que abandonar la familia, cuenta Deivy , a veces 20 días o un mes, porque las rutas muchas veces hacen que se dificulte pasa pasar por la casa y eso es un gran sacrificio, he perdido cumpleaños, fiestas decembrinas y de Semana Santa.

                Cuenta este ‘mulero’, que antes de empezar en esta labor intentó trabajar en otras cosas, pero las cosas no le salieron como quería y decidió ganarse la vida con lo que le enseñó su padre, “este fue el arte que él me dejó y así uno se moje, se vare, se trasnoche, con esto mantengo a mi familia y a mis dos hijas”.

                “Mi papá fue conductor y duró muchos años en esto, yo comencé en otra empresa con él y ahí conocí compañeros de él; en esto todo se basa en ser acomedido, responsable y respetuoso y aprovechar las oportunidades”, cuenta.

El recorrido

                Luego de cargar el tráiler, en esta ocasión con láminas, algunas veces debe llevar café, maíz, arroz y otros alimentos secos, David sale de Barranquilla y se prepara para dos días de recorrido, “en esta ocasión tuve un viaje suave, no hubo trancones ni inconvenientes con otros carros, es que a veces se producen muchos accidentes y por ellos se pierde mucho tiempo”.

                “Cuando hay opción de cargar temprano, uno adelanta camino hacia Bosconia, y si no, aguanta hasta el otro día para salir madrugado y llegar a Araujo o Puerto Boyacá, incluso Aguachica, depende de cómo esté la carretera. Conduzco hasta las 10 de la noche y al otro día retomo labores”.

                Desde Barranquilla a Ibagué, fueron dos días de camino, por supuesto, tomando su respectivo descanso y horas para la alimentación, y ahí es donde aprovechan, pues es común escuchar decir que el transportista es gordo, debido a los ‘almuerzos de camionero’.

                “Ya nosotros tenemos nuestros restaurantes favoritos, por eso cuando salgan de viaje y vean que hay muchos camioneros en el lugar, no duden en entrar a comer, porque seguro sirven las mejores comidas”, cuenta mientras ríe.

                Y es que un buen ‘almuerzo camionero’ debe tener su porción grande de arroz, papa, yuca, y un buen trozo de carne, pollo o pescado, y por supuesto, su ‘platado’ de sopa. Un almuerzo ronda los 12 y 14 mil pesos.

                “Hoy hice esta parada para descansar, dormir en casa, llevar el carro para unos arreglos y retomo camino a Cali, ahí son nueve horas de camino y subir La Línea”.

La siempre difícil Línea

                La Línea, según Deivy Yamid, es una carretera incierta, muchas veces deben durar horas por un trancón generado por un carro varado o accidentado, y si preciso es en una curva muy cerrada, se complican más las labores de apoyo.

                “En La Línea también puede haber otros problemas por aceite regado o por la misma lluvia, pues a veces cuando se asciende se pueden resbalar las llantas y siempre hay que conservar cierta distancia para que otro carro no se le venga encima y evitar que se recalienten los frenos, porque después no hay nadie que pueda detener un camión”.

                Antes de continuar su recorrido, y encomendarse a Dios y a la Virgen del Carmen, pues en su vehículo llevar la imagen de la patrona de los conductores, se despide de su esposa e hijas, con la esperanza de verlas pronto en su regreso, a menos que tenga otra ruta para continuar moviendo la economía de Colombia.

Faltan garantías laborales

David Romero cuenta además, que en este trabajo, aparte de tener cuidado con la manera de conducir, para evitar accidentes, tienen una amenaza en carretera como la de los ladrones, para fortuna de él, no ha sido víctima de estos ‘piratas terrestres’, pero sí sabe de compañeros que incluso les han robado el automotor.

Un solo accidente

“En este trabajo a uno le toca evitar mucho sufrir un accidente, pues un carro en un taller es pérdida de dinero para todos, hay que estar atentos de otros conductores que adelantan carriles.

“En mi experiencia solo he sufrido una vez un caso de estos, y no fue ni mi culpa; estaba en Silvania, llegando a Bogotá por la vía Melgar y me orillé para comer, pero infortunadamente estaba lloviendo un particular se le salió a otra mula que iba rápido y cuando frenó se vino encima al carro que conducía, ese golpe fue tan duro que duró tres mese en reparación, le dañó el chasis”.

El Dato:

El trayecto más largo que ha debido conducir Deivy , era cuando trabajaba transportando hidrocarburos, debía realizar el viaje desde Rubiales a Barranquilla y Rubiales – Cartagena, por cada recorrido tardaba cuatro días, para un total de cerca de dos semanas en cabina.

La cifra

700 mil pesos en peajes gasta un transportista en su recorrido Barranquilla – Cali, y sin contar el viaje de regreso, pues en cada trayecto hay 20 puntos de estos pagos.

Triste recuerdo

“Acá uno ve muchos accidentes, gracias a Dios yo nunca me he accidentado. Recuerdo mucho a un amigo que falleció cuando iba bajando por Calderas, en la carretera a Medellín, fue hace ocho años, se quedó sin dirección y se fue por un voladero, duraron tres días para rescatar el cuerpo y estaba todo desfigurado. Uno queda con el pensamiento de que salimos de la casa y no sabemos si llegaremos bien. Fue triste esa situación y más para la familia porque ellos a la espera de que llegue de viaje y con una noticia de esas”, recordó Deivy.

 

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