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Un día en la vida de Paola Valbuena, la única conductora de buseta en Ibagué

Paola Valbuena es la única mujer que en la actualidad maneja buseta en Ibagué, ella le contó a LA CABRILLA su experiencia, el honor de trabajar en un gremio en la que la mayoría son hombres y de los sueños que pronto espera cumplir.

Como muchas mujeres que madrugan en Ibagué a trabajar y otras a preparar el desayuno de sus hijos y alistarlos para llevarlos al colegio, Paola Valbuena Astudillo apaga su alarma a las 3 de la madrugada con el fin de iniciar desde las 4 o 5 de la mañana su primer recorrido en la buseta.

Así ha sido su rutina desde hace 10 años cuando decidió convertirse en conductora de transporte público, oficio que aprendió de su padre Héctor y del que vive otro de los dos hermanos.

Luego de escuchar la alarma, ducharse, maquillarse y ponerse el uniforme de la empresa para la cual trabaja, sale al parqueadero en El Salado, cerca de donde vive, e inicia con la revisión de la buseta: debe verificar que las llantas estén en buen estado, medir el aceite y el agua.

Luego de constatar que el vehículo está en óptimas condiciones, lo enciende para calentar por unos minutos el motor, acomoda la caja de las monedas, los espejos, y agradece a Dios por un día más, al tiempo que pide que su turno sea agradable y pueda cumplir con la cuota de pasajeros y los tiempos establecidos.

Cuenta Paola que desde niña andaba con su padre y al verlo manejar le pidió que le enseñara. Cuando podía ensayaba con el carro y a los 19 años ya estaba lista y a la espera de una oportunidad para recorrer las calles de Ibagué en una ruta.

“Iniciar fue complicado, primero por la edad, y también porque siendo mujer, algunos creen que no tenemos la misma capacidad frente al volante; pero no fue imposible y llegó el día para demostrar mis habilidades”, cuenta Paola.

El primer día de trabajo ocurrió luego de que su padre se sintiera enfermo. Don Héctor le prestó el bus, ella sacó el permiso de la empresa y con los papeles en regla se sentó frente a la cabrilla, y gracias a ese relevo conocieron sus capacidades. “Ese día me correspondió la ruta Seis”, agregó.

 

La única en el gremio

Hubo un momento en el que cinco mujeres se dedicaron en Ibagué a conducir buseta, pero su constancia al frente del volante la tiene ahora como la única en el gremio. “Por distintas situaciones ellas se fueron, unas manejan taxi, otras hacen recorridos escolares o se dedicaron al hogar”.

Y ante la pregunta de cómo es laborar con personal masculino, Paola contesta: “Es una dicha, un orgullo, de hecho, nadie se pasa conmigo ni son atrevidos. Aunque tienen su fama, no tengo quejas de ningún conductor ni supervisor”.

En una jornada laboral, cuenta Paola, le suceden muchas cosas, y aunque evita tener inconvenientes con el carro, en toda su trayectoria solo ha tenido tres sustos, y para su fortuna, ningún accidente para lamentar.

 

Los tiempos con su familia

Debido a los horarios ajustados que tienen la mayoría de transportistas, Paola trata de mantener un orden y así evitar perderse alguna fiesta familiar, lo mismo hacen su padre y hermanos, quienes también viven del rodante.

“Mi papá sigue manejando, pero ahora un camión, así como otro hermano, y mi segundo hermano recorre la ciudad conmigo. Soy bendecida porque Dios me dio la mejor familia y nos ayudamos en todo”.

Y sobre su relación marital dice: “Tengo esposo, pero hijos no, él también es conductor y aunque nos vemos poco porque trabaja en carretera, cuando logramos estar juntos es porque coincidimos en descansos; a pesar de todo tratamos de llevar bien la relación”.

Como son pocos los ratos libres con los que cuenta, los aprovecha al máximo, si no está muy cansada, sale a bailar, pues dice que le encanta la rumba, salir con las amigas para comer y ‘adelantar agenda’ o disfrutar con su esposo.

“Estoy todo el día tratando con gente en la calle, por eso aprovecho mis momentos para dedicarlos a mi intimidad, a mi casa y participar en las reuniones familiares, pues con ellos cuadramos los descansos o pedimos con anticipación los relevos, con el fin de no perderlas.

“A veces manejar es estresante, pero uno se da la vida, si uno es de esas personas que quieren llevarse el mundo por delante, así mismo le irá, pero si yo conozco mis responsabilidades y mis límites, entonces el trabajo se hace más llevadero. Es que hay situaciones en las que el temperamento nos lleva a pensar en dejar esta profesión, pero hay momentos en que uno se siente feliz porque esta es nuestra vocación, y a mí me encanta ser conductora”.

Además de los tiempos con el control, los conductores tienen que responder a sus jefes con la cuota mensual de pasajeros, la mayoría de ellos tienen establecida pasar la meta de transportar 6.500 pasajeros al mes. “Hay días en que uno no puede cumplir y los patrones entienden, pero cada día trae su afán y de alguna manera se logra sacar la cuota”, puntualizó Paola.

Luego de conducir todo el día llega el momento para descansar, el horario en la noche depende del turno que tenga y la ruta asignada, algunas veces puede culminar a las 9 y otras a las 11 p.m. Mañana será otro día en otra ruta, conocerá nuevas personas y siempre con el esmero de prestar un buen servicio a la ciudadanía.

 

Otra profesión

De no haber sido conductora de buseta, Paola Valbuena hubiese querido ser veterinaria: “Me gustan muchos los animales, tengo una perrita y un perrito”, dice que espera en algún momento tener el dinero suficiente para iniciar su carrera.

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