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Iván Botero: Un profesional de ‘la mancha amarilla’ y piloto de carros de carreras

Iván Botero creció en zona rural de Ibagué viendo en diferido las competencias de la Fórmula 1, y a su ídolo Juan Pablo Montoya midiendo talento con Michael y Ralf Schumacher; le tocaba ver las repeticiones porque en su casa no tenían televisión por cable, y hacía lo que podía para no perdérselas.
Ese amor por los carros y la velocidad hizo que con el paso de los años se interesara por el deporte a motor, y para su fortuna, el destino también conspiró para conocer personas que lo ayudaron a ingresar a las válidas que se celebran en autódromos improvisados e incluso en Tocancipá.
Además, ese amor lo lleva a ahorrar para poder competir, pues debe costear los viajes y arreglos del vehículo, ya que no cuenta con un patrocinador que le ayude para mejorar el carro con el que espera alzar un título nacional.

 

Vida a toda velocidad

Iván nació hace 27 años en la vereda Santa Teresa, cerca al barrio Libertador. Hace ocho años decidió ganarse la vida como taxista, pues antes laboraba como mensajero en una motocicleta, y cuando sacó la licencia de conducción llegó la oportunidad de manejar un ‘amarillo’.
En su labor conoció a Alejandro Abril, presidente del Club Mazda 323, quien además trabajaba para Coca Cola. Iván se convirtió en persona de confianza y lo transportaba en su taxi, y tanto fue su amistad, que ingresó a la sección de mantenimiento de los camiones de la multinacional, pues Iván también es técnico automotriz.
Al saber que podía competir en carreras nacionales, adquirió un Renault 12 modelo 76, era rojo con líneas blancas y con él participó en competencias de la TC 2000.
Tomó parte de carreras cortas en Firavitoba (Boyacá), allí se realiza la Copa Cumbre; también en cuarto de milla en Sogamoso; en la Copa Trepadores en Filandia (Quindío) y en una de las más importantes de Colombia, en el Autódromo de Tocancipá.
Luego, con sus ahorros pudo comprar un nuevo coche, con el que compite en la actualidad, un Renault 9 modelo 88 y en el que trabaja para modificar el motor y la caja de cambios, y así lograr un automóvil competitivo. Cuenta Iván que prefiere los modelos antiguos, pues: “son mas resistentes, se pueden modificar, y por la economía, pues puedo conseguir uno en cinco millones de pesos, más el costo en arreglos. Para un carro más moderno, como un Nissan March, debo disponer de más de $15 millones.
“Quiero poner full el motor y ahorrar porque ahora se viene el cuarto de milla nacional en el Lago Calima (Valle), donde van los mejores de Colombia.

 

Falta de apoyo

Para poder correr, Iván requiere de bastante dinero, pues debe realizar un mantenimiento al vehículo, este consiste entre otros, cambio de llantas, de aceite, compra de combustible y lo que consume en viajes, por ello, espera algún día obtener un patrocinio para poder adquirir un vehículo más competitivo.
“Me he perdido de muchas carreras por falta de recursos para viajar; una salida me sale mínimo en 800 mil pesos”, agrega Iván.
Sumado a esto, Ibagué no cuenta con un lugar apropiado para quienes aman este deporte, y les toca organizar carreras ilegales, en su mayoría por la variante.
“Hace unos años la Alcaldía nos dijo que había un proyecto para construir un autódormo en las afueras de la ciudad, eso fue en el anterior gobierno, con el mismo que tuvo el inconveniente de las piscinas olímpicas y el parque deportivo, y es que nosotros merecemos tener un circuito, pues acá hay muchos corredores y con una pista se podrían traer carreras que además traigan turismo”, puntualizó Iván Botero.

 

Responsabilidad en su taxi

Cuenta que trata de ser muy profesional en su oficio de taxista, pues es consciente de que transporta una vida, y además en su casa lo esperan sus dos hijos de nueve y cuatro años de edad.
Además, es el único taxista en Ibagué que corre en válidas nacionales. “Mi responsabilidad en el taxi me lleva a no mezclarla con las competencias, no puedo pensar que las calles de Ibagué son pistas y por el contrario trato bien al cliente; además de respetar al peatón”.
Dice que nunca ha tenido un accidente ni en las pistas ni en las calles, y las veces que tuvo percances, fue cuando ofició como mensajero en motocicleta.

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