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Pasó de ser taxista a salvar vidas en una ambulancia

La historia de vida de John Jairo Devia Méndez

El Avantel suena, John Jairo Devia Méndez contesta y suena la sirena, el llamado al deber le ordena salvar una vida, la enfermera aborda y en segundos solo queda el polvero que levantan los neumáticos.

Así ha sido la vida de este conductor de ambulancias desde hace cuatro años, cuando después de manejar por las calles ibaguereñas en un taxi y avisar los accidentes, decidió convertirse en salvavidas.

Cuenta este enfermero, que durante su oficio como taxista veía que las ambulancias tardaban en llegar a las emergencias, así que creó un grupo por WhatsApp y alertaba a quienes hoy son sus colegas, pues en su momento no sabía primeros auxilios y se quedaba con la sensación de no haber hecho nada por ayudar a un herido.

“La propietaria de ambulancias Rocío Reina, cuenta John Devia, me incentivó a inscribirme en la Cruz Roja, en el curso Mave (Manejo de Ambulancias y Vehículos de Emergencia), así como al de primeros auxilios para realizar un RCP y una Atención Prehospitalaria. Luego aprendí rescate, salvamento acuático, y me quedó ese gusto.

“Acá se ven muchas cosas, personas visceradas, con traumas, con la masa encefálica expuesta; para alguien que no está acostumbrado es un poco difícil llegar a un accidente y encontrar una persona partida en dos, o con los órganos por fuera y respirando, y ahí es donde hay que actuar rápido para salvarlos.

Un agradecimiento como pago

Para fortuna de John, nunca ha tenido que socorrer a un familiar, pero sí a muchos amigos de infancia o estudio, y con el tiempo se los encuentra y recibe agradecimientos por su labor.

“También con personas que no conozco, pues recuerdo un caso frente a Multicentro donde unos hinchas del Tolima le quitaron la mano a un habitante de calle, encontramos la mano como a tres metros del herido, lo llevamos a cirugía y meses después se me acercó para agradecerme y estaba contento con su mano, volvió a sentir los dedos, eso es satisfactorio”

Traer una vida al mundo

Pero no todo son accidentes, pues desde que se organizó el gremio y se respetan los turnos asignados, no solo deben recoger a los heridos por Soat, sino a todo aquel que necesite un traslado urgente a un hospital.

“Anteriormente existía algo como ‘la guerra del centavo’, había mucho desorden y peleas, era el que llegara primero a un accidente, a veces se veían cinco o seis ambulancias peleando por un paciente Soat, ya no, ya el Cruet (Centro Regulador de Urgencias y Emergencias del Tolima) nos dividió en zonas y turnos, y todo se respeta. Por eso, si yo, que estoy ahora en esta zona de El Jardín, me llaman por un accidente en Boquerón, debo reportar a la central y hasta allá llega quien está asignado”.

Gracias a esa regulación, las ambulancias no solo asisten a heridos en accidentes, por riñas, enfermos, o incluso mujeres embarazadas.

“Durante mi tiempo en esta labor, he recibido unos cinco niños, el primero fue en el barrio La Cima. También tuve otro caso por detrás del colegio Exalumnas, la mujer ya estaba en trabajo de parto y apenas la subimos tuvo el bebé, luego la trasladamos al centro asistencial.

“Yo estoy muy contento, hago lo que me gusta, trabajo no porque me paguen sino por convicción, no hay satisfacción más grande que recibir las gracias de una persona que para otros ya está muerta, pero así sea con lo más mínimo en sus signos vitales, uno hace que lleguen a una clínica y los revivan. Muchos se han salvado luego de sufrir accidentes aparatosos.

Accidentes que dejan marcan

Son por lo menos cinco accidentes que un conductor de ambulancia atiende en un turno de 12 horas, de esos hay muchos con lesiones leves, pero también con muertes espeluznantes.

“Recuerdo uno en la Variante, cerca al Puente de la Vida, dos jóvenes en moto e iban con la mamá de la muchacha, no sé qué pasaría, si un microsueño, pero se estrellaron contra una tractomula, cuando llegamos los encontramos a los tres abrazados, al tomar los signos vimos que estaban sin la masa encefálica, metros atrás los órganos regados, no había nada qué hacer. No sé cómo hicieron para que quedaran todos juntos, fue una escena dura”.

En ese mismo puente ha trasladado pacientes que intentan suicidarse, si bien no le tocó el caso de la mujer que se lanzó con su hijo, cuenta John que luego de ese suceso, y durante unos dos meses, todos los días atendieron este tipo de situaciones, personas que querían acabar con su vida o llamar la atención de sus familias para que los ayudaran en sus momentos de crisis.

¿Conductores indolentes? 

“Ya se ha vuelto como rutina lo de las personas que escuchan las ambulancias o las ven con luces para ir a un requerimiento y aunque existen muchos que colaboran y se hacen a los costados, no falta el que está de mal genio y no dan permiso, nos hacen señas de que pasemos por encima o nos tratan mal”.

Es de recordar que por más difícil que sea el día, es importante el respeto y velar por la integridad de los semejantes.

Antes de terminar la entrevista, el radio vuelve a sonar, John se despide y junto con su acompañante salen a salvar una nueva vida.

Dato

El Cruet, para evitar desórdenes, dividió la ciudad en seis zonas y en cada base permanecen dos o tres ambulancias de las 15 empresas que existen en Ibagué, todas respetan los turnos y convenios.

¿Sabía qué…?

Los turnos son de 12 horas, de 6 a.m. a 6 p.m. y de 10 a.m. a 10 p.m., entre las 6 p.m. y 10 de la noche es horario general y desde las 10 de la noche hasta las 6 de la mañana, solo está disponible una empresa, por lo que en el mes le corresponden dos noches el turno, si esta tiene pocas unidades, reporta apoyo a otra empresa.

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